Psicóloga revela la diferencia clave entre hambre real y emocional: ¿Qué te pide tu cuerpo realmente?

Psicóloga revela la diferencia clave entre hambre real y emocional: ¿Qué te pide tu cuerpo realmente?

¿Alguna vez has sentido que «aprieta el hambre», solo para darte cuenta después de que no era una necesidad física? Muchas veces, un trozo de tarta o unas galletas parecen un abrazo en momentos de tristeza o estrés. Sin embargo, esa sensación de culpa posterior es tu cuerpo enviando una señal. Una experta aclara cómo distinguir entre el hambre que tu cuerpo necesita y la que busca consuelo emocional.

La diferencia es crucial para construir una relación sana con la comida. La psicóloga del SDayTherapy, que prefiere mantener el anonimato, nos explica las claves para entender qué nos impulsa a comer.

El origen de tus antojos: ¿Cuerpo o emoción?

La psicóloga aclara que el hambre emocional «no está motivado por una necesidad física de comida, sino por factores emocionales o psicológicos». Es esa necesidad de llenar un vacío interno, más que un estómago vacío.

Para sentirte feliz y, sobre todo, saludable, es fundamental que puedas reconocer cuándo tu cuerpo te pide energía y cuándo busca un paliativo para otra cosa. Ponerle nombre a esta diferencia es el primer paso.

Identifica el hambre física: Tu cuerpo nunca miente

El hambre física es un proceso gradual y responde a señales concretas de tu organismo. Para reconocerla, presta atención a:

  • Señales físicas claras: Ruidos en el estómago, sensación de vacío, posible debilidad o incluso mareos.
  • Sentido de saciedad: Sabes cuándo parar de comer porque tu cuerpo te indica que ya ha tenido suficiente.
  • Gusto por opciones nutritivas: Cuando tienes hambre real, una manzana o un plato de verduras te apetecerán tanto como un postre.

Consejo práctico: Nunca te saltes comidas ni pases demasiado tiempo sin comer. Esto puede llevar a episodios de atracones más tarde.

El mapa del hambre emocional: Señales sutiles pero poderosas

El hambre emocional, por otro lado, aparece de forma repentina y está ligada a tus estados de ánimo. Fíjate en estos indicadores:

  • Buscas consuelo: Comer se convierte en una forma de lidiar con el aburrimiento, el estrés, la ansiedad o la soledad.
  • Antojos específicos e intensos: Deseas alimentos concretos, a menudo poco saludables (dulces, fritos), más por placer que por necesidad.
  • Comes sin darte cuenta: Puedes terminar un paquete de galletas mientras ves la televisión sin haber sentido realmente hambre.
  • Culpa después de comer: La satisfacción es efímera, y a menudo viene seguida de arrepentimiento.

Hack de vida: Antes de picar algo, pregúntate: «Si tuviera la opción, ¿preferiría comer una fruta en este momento en lugar de esta comida calórica?». Si la respuesta es no, es probable que sea hambre emocional.

Cambia el chip: Estrategias para reconectar con tu cuerpo

Si te das cuenta de que el hambre emocional te domina, aquí tienes algunas estrategias efectivas:

  • Encuentra alternativas: Busca actividades que te aporten bienestar sin necesidad de comida: ejercicio, escuchar música, llamar a un amigo, meditar.
  • Identifica tus desencadenantes: ¿Qué situaciones o emociones te llevan a comer sin hambre? Ser consciente es el primer paso para cambiar el patrón.
  • Crea un entorno saludable: Evita tener «alimentos gatillo» a mano, especialmente en momentos de vulnerabilidad emocional. Llena tu despensa con opciones saludables.
  • Practica la atención plena: Come despacio, saboreando cada bocado y prestando atención a las señales de saciedad de tu cuerpo.

En última instancia, si sientes que estos patrones alimentarios te causan angustia significativa o sospechas de un trastorno alimentario como la compulsión, la bulimia o la anorexia, no dudes en buscar el apoyo de un profesional de la salud mental. Tu bienestar es lo más importante.

Y tú, ¿con qué tipo de hambre te identificas más a menudo? ¿Qué estrategias te funcionan mejor?

Scroll al inicio