Los abuelos son un tesoro en la vida de sus nietos, y a menudo, un salvavidas para los padres que necesitan un respiro. Esa casa llena de mimos y dulces fuera de hora es un lugar mágico para los niños. Se dice que «los padres educan y los abuelos malcrían», y hay mucha verdad en ello.
Pero, ¿qué ocurre cuando esa magia cruza la línea? ¿Qué pasa si un abuelo dice «sí» a algo que los padres han dicho «no»? La experta en cuidado infantil, Tracey Stone, arroja luz sobre hasta dónde deberían llegar los mimos y cuándo el cariño puede convertirse en un problema.
La delgada línea entre el cariño y la confusión
Cuando las rutinas y las reglas se vuelven confusas, puede ser demasiado tarde. Los niños perciben la falta de acuerdo entre padres y abuelos, y eso les confunde.
La clave está en establecer límites claros y acordados de antemano. De lo contrario, las reglas impuestas por los padres pueden chocar frontalmente con las de los abuelos, creando una situación insostenible.
Las consecuencias de saltarse las reglas
Contrariar las normas establecidas por los padres puede tener efectos negativos en los niños:
- Confusión generalizada sobre lo que está permitido y lo que no.
- Debilitamiento de la disciplina que los padres intentan inculcar.
- Deterioro de la relación de confianza entre padres y abuelos.
- Se abre la puerta a que los niños actúen a espaldas de todos, aprovechando la falta de coherencia.
¿Cómo establecer límites saludables con los abuelos?
Lo primero es recordar que el objetivo principal es el bienestar del niño. Antes de dejar a los pequeños al cuidado de los abuelos, es crucial que estos últimos se comprometan a respetar las reglas establecidas por los padres en aspectos como:
- Seguridad y normas básicas.
- Horarios de sueño y comidas.
- Tiempo de uso de pantallas y contenidos permitidos.
Alinear estos valores y reglas es fundamental.
El impacto en los más pequeños y en los mayores
Tracey Stone explica que si un abuelo dice «sí» y un padre dice «no», el niño no sabe cómo gestionar esa contradicción. En los más pequeños, esto puede generar inquietud y ansiedad.
Los niños mayores, por su parte, pueden frustrarse al no tener certeza sobre cuáles son las normas correctas o sentir que tienen más poder del que deberían. Esto puede desestabilizar su sentido de orden y seguridad.
El arte de mimar sin sobreproteger
Los abuelos no tienen por qué dejar de dar amor ni de consentir a sus nietos a su manera. El desafío está en encontrar un equilibrio.
Para ello, es importante que los abuelos comprendan el motivo detrás de las reglas de los padres. No se trata de prohibir por prohibir, sino de proteger el desarrollo y el bienestar de los niños.
Un diálogo abierto y un pacto de unidad entre padres y abuelos son las herramientas más poderosas para asegurar que los mimos sean siempre beneficiosos y no un obstáculo.
Comparta su experiencia: ¿Cómo han logrado ustedes establecer un equilibrio entre los mimos de los abuelos y las reglas de crianza?



