Comida escolar barata esconde refeições pouco saudáveis, alertam nutricionistas

Comida escolar barata esconde refeições pouco saudáveis, alertam nutricionistas

¿Alguna vez te has preguntado por qué las opciones de comida en las escuelas pueden parecer tan poco apetitosas o nutritivas? Te traigo una revelación que podría cambiar tu percepción sobre las comidas escolares. No se trata solo de gusto, sino de un problema sistémico que afecta directamente la salud de nuestros niños.

La Directora de la Orden de Nutricionistas, Liliana Sousa, ha lanzado una seria advertencia: los precios bajos impuestos en las licitaciones para proveer las comidas escolares están impidiendo que se sirvan platos verdaderamente saludables. Esto significa que, en lugar de bistecs o pescado fresco, muchos niños reciben croquetas y rissóis, y sus dietas se basan en alimentos ultraprocesados.

El círculo vicioso de los concursos públicos

El precio irrisorio frena la calidad

En un país donde cada vez menos escuelas conservan sus propias cocineras, las comidas son ahora proporcionadas por empresas externas. El problema radica en que los ayuntamientos buscan la opción más económica, fijando precios que a menudo rondan los 2,75 euros por menú. Este valor, que luego reciben del Estado, resulta ser tan bajo que muchas empresas ni siquiera se presentan a los concursos.

La Asociación Nacional de Municipios Portugueses (ANMP) ha admitido que, ante la falta de ofertas, se ven obligados a lanzar nuevos concursos y asumir costes adicionales. Hemos tenido acceso a contratos donde se ofrecen licitaciones por 2,20 euros, 2,75 euros o 3,07 euros por almuerzo. Es aquí donde surge la pregunta clave:

¿Es realmente posible ofrecer una comida equilibrada y nutritiva por menos de 3 euros?

Lo que realmente llega al plato de los niños

La cruda realidad detrás de las cocinas escolares

Liliana Sousa es tajante: «No es posible ofrecer una comida equilibrada con estos valores». Explica que un menú saludable implica sopa, un plato principal de carne o pescado, y postre. Sin embargo, los nutricionistas que trabajan en los ayuntamientos reportan casos en los que el menú anunciado no coincide con lo servido, o se observa un «uso abusivo de alimentos ultraprocesados».

Según Sousa, muchas empresas intentan cumplir con las ementas, pero la baja calidad de la materia prima o la sustitución por productos procesados, más grasosos y fritos, son consecuencias directas de estos contratos tan restrictivos. Esto es especialmente preocupante, ya que en Portugal, para muchos niños, la única comida caliente del día es la que reciben en la escuela.

La solución que crea desigualdad

Cuando el presupuesto municipal intenta paliar el problema

La directora de la Orden de Nutricionistas hace un llamado urgente a una «revisión realista de los valores». Reconoce y aplaude a aquellos alcaldes que usan presupuestos municipales para mejorar la alimentación escolar. Sin embargo, este enfoque genera una desigualdad:

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  • Mientras algunos municipios pagan 2,20 euros por almuerzo (como Murtosa), otros ofrecen 2,75 (como Viseu) o 3,05 euros (como Ílhavo).

En algunos casos, como en Murtosa, los 2,20 euros deben cubrir no solo la comida, sino también elementos básicos como «servilletas de papel y toallitas para bandejas».

Las empresas también alzan la voz

Cuando la calidad choca con la rentabilidad

Empresas como Eurest, que sirve 75.000 comidas diarias en más de 770 comedores escolares con la ayuda de 1.700 trabajadores, también reconocen la necesidad de actualizar los valores. Afirman que si el precio de licitación no permite mantener sus estándares de calidad, prefieren no presentar una propuesta o ser excluidas del concurso en lugar de comprometer la calidad.

A pesar de estos esfuerzos, la bastonaria advierte que no podemos confiar ciegamente en que el hecho de que haya competidores garantiza el cumplimiento de los principios nutricionales.

Consecuencias imprevistas: el peligro de los ultraprocesados

Alternativas poco saludables fuera del comedor

La falta de calidad en las comidas escolares lleva a los jóvenes a buscar alternativas. Muchos terminan abandonando las cantinas para ir a cafés o supermercados cercanos, donde las opciones suelen ser patatas fritas, bollería y zumos cargados de azúcar. Básicamente, cambian una comida potencialmente equilibrada por alimentos ultraprocesados.

Filinto Lima, director de un centro educativo, corrobora esta situación. Observa una disminución notable de alumnos en la cantina los días que se sirve pescado. Muchos optan por traer su comida de casa y calentarla en el microondas.

Lima también apoya una revisión de los valores pagados por el Estado, sugiriendo que, aunque las comidas son «razonables, podrían ser mejores». Él mismo visita la cantina y pregunta a los alumnos su opinión sobre la comida: «¿De cero a cinco, cuánto le das? ¿Estaba caliente? ¿El plato era lo que estaba en el menú?».

Hasta el momento, el Ministerio de Educación no ha emitido respuesta sobre estas críticas ni sobre la posibilidad de aumentar las partidas destinadas a las autarquías.

¿Qué opinas tú? ¿Crees que debería invertirse más en la alimentación escolar, incluso si eso significa un aumento en los impuestos o un debate sobre los precios de las licitaciones? ¡Comparte tu punto de vista en los comentarios!

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