Psicólogo revela el impacto devastador de detener a un niño de 5 años, incluso si es "imposible borrar el trauma".

Psicólogo revela el impacto devastador de detener a un niño de 5 años, incluso si es «imposible borrar el trauma».

Una imagen desgarradora llega desde Estados Unidos: un niño de solo 5 años, Liam Ramos, detenido junto a su padre en Minneapolis por el ICE. Este es el cuarto caso similar en la comunidad escolar desde que Trump asumió la presidencia, desatando una ola de indignación. Pero, ¿cuál es el verdadero costo psicológico para un niño tan pequeño? Hemos hablado con un experto para desentrañar las profundas cicatrices que este tipo de experiencias pueden dejar.

El trauma que una detención deja en un niño de 5 años

Detrás de este desgarrador suceso late una realidad psicológica compleja. Según João Coimbra de Almeida, psicólogo y miembro de la Asociación Portuguesa de Psicanálisis y Psicoterapia Psicanalítica, la idea de anular completamente el impacto traumático de una detención en un niño de 5 años es, sencillamente, imposible. Sin embargo, sí es posible contenerlo y ayudar a darle sentido.

La confianza quebrada: el mundo ya no es seguro

A los 5 años, un niño está en pleno proceso de construcción de su confianza y seguridad. Estas se forjan inicialmente en el seno familiar, pero luego se extienden a su entorno: adultos de confianza como familiares y maestros, e instituciones como la escuela o incluso la policía. Una detención súbita rompe esta base. Genera una profunda sensación de desamparo y la aterradora idea de que el mundo, que antes sentía seguro, ya no lo es, y que sus protectores no pudieron evitarlo.

Los signos de este trauma pueden manifestarse de diversas formas:

  • Miedo intenso a separarse de sus figuras de apego.
  • Pesadillas recurrentes.
  • Hipersensibilidad a ruidos o sobresaltos.
  • Estados de hipervigilancia y agitación.
  • Rechazo a ir a la escuela.
  • Comportamientos regresivos (como volver a mojar la cama).
  • Somatizaciones (dolores de barriga o cabeza sin causa médica aparente).

El psicólogo recalca: el trauma va más allá de la escena de la detención en sí. Incluye la violencia de lo impredecible y la profunda angustia de sentirse indefenso.

El impacto en padres y otros niños: un contagio de miedo

La impotencia y la culpa de los padres

Para los padres, presenciar o experimentar la detención de su hijo es devastador. Las emociones que predominan son la impotencia, la vergüenza, la rabia contenida y un miedo paralizante a la ruptura de la relación familiar. Sentir que han fallado en su rol de cuidadores y protectores genera una profunda culpa, un colapso de su función parental básica. Esto puede afectar gravemente cómo interactúan con sus hijos en el futuro, e incluso desencadenar cuadros depresivos.

El miedo se propaga entre los más pequeños

Los niños que presencian estas situaciones pueden sufrir un «contagio de miedo». La idea de que «si a él le pasó, a mí también me puede pasar» se instala, generando una constante sensación de persecución o vigilancia. Suelen retraerse, volverse más callados, desconfiados de los adultos y temerosos de la separación de sus cuidadores. A veces, muestran una obediencia excesiva, por miedo a llamar la atención.

Es común que aparezcan juegos con temáticas violentas, de persecución o captura. Estas dinámicas, aunque alarmantes, son entendidas por los psicólogos como una forma que tienen los niños de procesar y dar sentido a lo que han presenciado.

¿Cómo superar un evento tan traumático?

Estrategias de contención y sanación

Aunque el impacto siempre prevalecerá, existen maneras de mitigar sus efectos. El experto enfatiza varios puntos clave:

  • Exponer a la verdad: Es crucial que los adultos de referencia le expliquen a la criança lo sucedido de forma adaptada a su comprensión.
  • Desculpabilizar: Hay que asegurar al niño que no tiene ninguna responsabilidad en lo ocurrido.
  • Estabilidad y rutinas: Mantener horarios y rutinas proporciona una sensación de seguridad.
  • Aceptar la regresión: Permitir y tolerar comportamientos propios de etapas anteriores (como la necesidad de contacto físico o dormir acompañada) es fundamental.
  • Espacio para comunicar: Dar tiempo y oportunidades para que exprese cómo vivió y sintió lo sucedido, sin evitar o corregir emociones intensas como el miedo o la tristeza.
  • Buscar ayuda profesional: Siempre que sea posible, es vital recurrir a especialistas que garanticen la continuidad del proceso de elaboración del trauma y refuercen la seguridad interna y externa del niño.

En definitiva, involucrar a un niño en situaciones de potencial traumático nunca es la respuesta adecuada. La protección y el resguardo deben ser siempre la prioridad absoluta.

¿Qué opinas sobre la manera en que las autoridades manejan este tipo de situaciones? Comparte tu perspectiva en los comentarios.

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